Donnerstag, 27. März 2008

"Juana de Arco" (1999, de Luc Besson, con Milla Jovovich)

Nota: esta crítica revela datos del argumento. Si todavía no ha visto esta película, quizá prefiera verla antes de seguir leyendo.

Reconozco que la primera vez que iba a ver esta película me mostraba escéptico: ¿una modelo metida a actriz interpretando a la santa patrona de Francia? Al final, la película ni era tan mala como me temía, ni tan buena como hubiera deseado.

Nos encontramos ante una película bastante aceptable del director francés Luc Besson (además guionista en este caso), que respeta en general (aunque no siempre) la realidad histórica —hasta aparece Yolanda de Aragón, tan ignorada en otras versiones—, pero con notables omisiones y hasta invenciones en la trama (pocas, pero lamentables) de las que hablaré más adelante; no son infrecuentes las libertades que los directores se toman en las películas históricas, y ésta no es una excepción.

Juana de Arco es interpretada por la modelo Milla Jovovich (nacida en la antigua Unión Soviética), que cuando hizo la película tenía 23 años y estaba casada con el director. No tiene exactamente el aspecto que esperaríamos de una campesina francesa de 17 años del siglo XV, sin embargo se nota que se entrega a su papel y se esfuerza por hacer su mejor interpretación. Siempre he pensado que sólo una actriz virgen debería interpretar a Santa Juana de Arco (como en el caso de Leelee Sobieski cuando hizo en 1999 esa versión para TV), porque una virgen resultará más inocente y el realismo será aún mayor, y porque una virgen siempre será más digna de interpretar a otra virgen, pero sólo es una opinión personal.

Discrepo mucho con la forma en que Besson muestra la personalidad de Juana. La Juana de Arco histórica no era una histérica, como nos la presenta Besson en su versión. El director se ha tomado unas cuantas libertades a la hora de mostrar el carácter de Juana: arrebatada, chillona, casi sin autocontrol. Estoy seguro de que Juana fue apasionada, pero ¿una histérica gritona? Que yo sepa, el único momento en que la Juana de Arco real se puso histérica, fue en la mazmorra poco antes de ser llevaba a la hoguera, en un momento de debilidad humana ante el temor a las llamas; entonces sí se puso frenética, pero no a cada paso como pretende Besson. La película sí muestra más o menos algunas cualidades de Juana con respaldo histórico: era virgen, caritativa, se apenaba por los muertos de ambos bandos y prefería evitar derramamiento de sangre, por lo que solía instar a las tropas enemigas a no luchar y retirarse en paz, cosa que efectivamente sucedió en varias ocasiones. También la escena en la corte en que Juana se arrodilla y abraza emocionada al Delfín de Francia es histórica y está por cierto muy bien llevada a la pantalla.

Por desgracia, Besson en su película transforma la loable devoción religiosa de la Juana de Arco histórica en un comportamiento obsesivo, exagerando en cosas como que Juana se confiesa varias veces al día. Nada afortunada pues me parece la escena en que Juana de niña corre a la iglesia a beberse el vino con esas ansias, haciendo algo irreverente que la Juana auténtica nunca habría hecho, y que es una mera dramatización efectista inventada por el director que se podría haber ahorrado.

Luc Besson ha hecho una versión más bien laica de la historia de Juana de Arco, limitándose a lo histórico y presentando ambiguamente el aspecto sobrenatural de esta historia. Y es que en la película no sólo no se muestra el misticismo de Juana, su vida interior, que es uno de sus aspectos más interesantes, sino que no se despeja la duda de si Juana era una elegida por Dios que oía voces celestiales, o si todo esto era producto de su mente, como llega a insinuarse en la película. Los creyentes sabemos que Juana era una santa, no una loca; de otra forma, no podría explicarse que pasase el riguroso examen eclesiástico, de tres semanas de duración, al que fue sometida en Poitiers antes de liberar Orléans, que todas sus profecías se cumplieran, que encontrase una espada donde sus "voces" le dijeron, que siendo una muchacha sobreviviera a numerosos combates, que su corazón no ardiera en la hoguera y que estén documentados y reconocidos por la Iglesia varios milagros en virtud de los cuales fue elevada a los altares.

Esta ambigüedad hace perder muchos puntos a la película y se manifiesta muy claramente en los diálogos de Juana con su "conciencia" (Dustin Hoffman), que se le aparece y desaparece en la mazmorra haciéndole reproches —también durante la infancia de Juana vemos a su "conciencia" bajo la forma de niño o de hombre joven—. He leído bastante sobre Santa Juana de Arco, incluídas las declaraciones recogidas durante su juicio y posterior proceso de rehabilitación, y nada se le asemeja a las escenas de la "conciencia". De los diálogos de Juana con su "conciencia" se desprende que Juana duda de que sus visiones fueran reales y de que su misión fuera efectivamente divina —también duda del milagro de haber encontrado la espada, y el colmo es cuando hasta duda de si ha matado o no a alguien—. Estas "dudas" hacen desmerecer toda la historia, porque, si Juana no fue mandada por Dios, entonces su importancia quedaría reducida a la de un líder carismático, como el Cid, y poco más, pero ya no sería una elegida por Dios. Esto será sin duda del agrado de racionalistas, laicistas y ateos, pero a mi me parece que Besson hizo aquí muy mal. Si Juana hubiera tenido tantas dudas de su misión divina, no habría terminado en la hoguera porque se habría retractado de todo, que es lo que los jueces querían, hacerla "reconocer" que no estaba enviada por Dios; como se negó a hacerlo, pues estaba convencida de su misión divina, fue ejecutada. Eso sí, al menos cinematográficamente hablando los diálogos con la "conciencia" están muy bien hechos.

Así pues, ni el director hace un tratamiento religioso de la historia de Juana de Arco, ni la actriz principal nos transmite satisfactoriamente el misticismo de Juana. Y es que, como bien comentó un sacerdote amigo mío, "con dificultad un director o un intérprete, carentes de fe, podrán trasmitir adecuadamente algo de lo que carecen". Muy cierto, hago mías las palabras.

El director se permite otras libertades del todo antihistóricas. La forma en que, en la película, Juana se "encuentra" con su espada, la famosa "espada de la liberación", se muestra en una escena de lo más absurda: Juana va por la campiña, se tumba sobre la vegetación y allí a su lado está la espada. En realidad, según el relato histórico, que se hace eco de las propias declaraciones de la doncella, Santa Catalina le habría revelado a Juana que encontraría una espada, con cinco cruces en la hoja, detrás del altar de la iglesia en su honor en Fierbois; y donde le revelaron sus voces fue justamente donde se encontró su espada. Esto por desgracia aparece tergiversado en la película. Pero quizá la invención más lamentable de toda la película sea la escena del asesinato y violación (por este orden) de la hermana de Juana, mientras ésta lo presencia escondida en un armario. Esta escena es 100% antihistórica, falsa. Aunque es cierto que en alguna ocasión su pueblo fue objeto del bandidaje de los borgoñeses —aliados de los ingleses—, la familia de Juana no sufrió daño físico. También es falsa la idea de que Juana odiaba a los ingleses, cuando en realidad, según sus propias declaraciones, todo lo que quería era que "regresasen a su isla" y Francia fuese para los franceses. Y ya puestos a hablar de incorrecciones históricas: Juana durante la batalla en Orleáns no fue alcanzada por la fecha en su lado derecho (como aparece en la película), sino en su hombro izquierdo, y en esa batalla no fue herida una, sino dos veces.

Aparte de eso, la película adolece de grandes omisiones y saltos en la trama. No aparecen los primeros esfuerzos de Juana por ser escuchada por las autoridades locales, sino que de golpe se la muestra siendo anunciada en la corte del Delfín de Francia. ¿Por qué ese salto? Pero eso no es todo; Besson ha omitido escenas muy importantes: según el relato histórico de los testigos, cuando la pusieron en la hoguera, Juana pidió que se mantuviera un crucifijo ante sus ojos, y murió diciendo tres veces el nombre de Jesús; su corazón y sus vísceras no se quemaron, hecho éste que hizo exclamar a uno de los testigos de la ejecución: "¡Estamos perdidos! ¡Hemos quemado a una santa!". Nada de esto aparece en la película que nos ocupa, lo cual me parece una omisión imperdonable. Besson sí nos muestra a Juana enfadándose con La Hire cuando éste dice tacos; en realidad, Juana prohibió muy seriamente blasfemar a todos sus hombres, hizo expulsar a las prostitutas que solían acompañar a los ejércitos y obligaba a sus soldados a confesarse antes de combatir, porque tenían que ser "el ejército de Dios". Para Juana no cabía el pecado en sus filas, y esto no se refleja apenas en la película.

La manera en que Besson plasma el final me resultó decepcionante. El final es muy corto: la escena de Juana ardiendo en la hoguera dura menos de un minuto, y se echa en falta alguna secuencia "introductoria"; no se muestra, por ejemplo, cómo sube a la pira y la encadenan, ni podemos oir las últimas palabras de Juana, sino que el director se salta todo eso y nos muestra directamente y de improviso a Juana ardiendo en la hoguera, como si hubiera prisa por terminar. La escena se la ventila el director tan rápidamente, que al espectador casi no le da tiempo a asimilar la tragedia de la ejecución de Juana de Arco, el punto culminante de esta historia, aquello que precisamente convirtió a Juana de Arco en martir católica. Teniendo en cuenta que esta película dura unas dos horas y media, cabría esperar que se hubiera prestado más atención a esto en lugar de pasar de puntillas.

Algo hay que reconocerle al director: pudo haber utilizado la excusa de la condena eclesiástica para cargar las tintas contra la Iglesia y presentarla como "culpable", pero no lo hizo. Se diferencia claramente que no es la Iglesia quien la mata, sino que ésta la entrega "al brazo secular", al poder civil, que es quien la ejecuta —o sea, los ingleses, deseosos de quitarla de en medio, basándose en una condena injusta en un juicio más tarde declarado nulo por Roma—. El director muestra incluso cómo un anciano e ilustre eclesiástico, no conforme con el juicio injusto al que se está sometiendo a Juana, se distancia del mismo y anuncia que se dispone a informar al Papa en Roma, pero es detenido por los ingleses. Quizá Besson no sea muy religioso, pero se agradece que al menos no sea anticlerical.

La música durante las batallas está bien, pero se echa de menos música sacra durante otros momentos de la película —otra notable omisión, no sé si premeditada—, y el tema musical principal es una mera adaptación de la famosa pieza "Carmina Burana", de Carl Orff. Curiosamente, esta adaptación del Carmina Burana se oye también en las escenas finales en que Juana arde en la hoguera. En lugar de acompañar esas escenas de música potente y vigorosa, tan apta para escenas grandiosas y de lucha, ¿no habría sido más lógico y acorde con la situación emplear una música trágica?

Visualmente la versión de Besson es impresionante —por ejemplo, la vidriera de San Miguel Arcángel tomando vida (hacia el minuto 40), Juana saliendo tras la niebla o las imágenes del cielo son escenas muy destacables—, con buena ambientación, buena reproducción del vestuario de la época y de los interiores, bastante acción y batallas bien recreadas que cuentan hasta con artillería de la época, pero puestos a ser exigentes no es la versión que yo hubiera querido ver; de haber sido yo el director le habría dado otro enfoque a la película, y me molesta que se pueda transmitir al espectador una visión distorsionada de Juana de Arco. Por supuesto que si la comparamos con otras películas que se hacen hoy en día, se merece un aplauso. Sea como sea, no cabe duda de que esta película sirve como mínimo para promover el recuerdo de Santa Juana de Arco entre millones de personas.

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